Siéntate cómodamente con la espalda erguida y cierra los ojos. Lleva tu atención a la respiración, sin cambiarla, solo sintiéndola. Inhala profundamente y exhala suavemente.
Lleva tu conciencia al cuerpo: ¿Cómo se siente hoy? Observa sin juzgar. ¿Hay tensión en algún lugar? ¿Ligereza? Recorre desde la cabeza hasta los pies, notando cada sensación. Permite que la respiración suavice cualquier rigidez.
En este momento, no hay nada que cambiar, solo estar presente. Con cada exhalación, suelta lo innecesario y regálate este instante de calma y conexión contigo.
